La eterna imposibilidad de definir el arte y la belleza.
Por Paula Soldini
Si partimos de la imposibilidad de establecer una “lista” de valores estéticos objetivos, es decir, de la imposibilidad de establecer qué es bello y qué no lo es, entonces, partimos de la imposibilidad de universalizar un criterio para catalogar una obra, un objeto, una música como obra de arte.
Sin embargo, esta categorización existe en cierta medida. (por supuesto que no hay tal lista inobjetable y universal de valores estéticos).
Entonces, cabría preguntarse ¿qué es lo que los críticos observan y analizan para luego afirmar “esto es una obra de arte” o, simplemente, “esto es bello, sublime”, etc.? y ¿con qué poder divino, con qué criterio superior lo afirman?
a lo largo de la historia ha habido numerosas y diversas opiniones sobre la belleza, sobre un ideal de obra de arte, de experiencia estética, y no se ha llegado a un acuerdo, a un concepto de validez universal sobre estos puntos. Esto dificulta enormemente poder llegar a una conclusión certera sobre la función del crítico de arte (en cualquiera de las áreas).
Samuel Ramos discierne dos acepciones de Belleza. Una primera, amplia, que encierra una multiplicidad de valores estéticos (belleza de lo trágico, de lo sublime, lo gracioso, etc.); y una acepción restringida que relaciona la belleza con un valor estético concreto.

Ahora bien, entender los valores estéticos a partir de las reacciones emocionales que pueden producirnos ciertas expresiones artísticas, conduce a un subjetivismo que niega la existencia de esos valores en los objetos (objetivismo).
Para Kant, por ejemplo, lo bello es todo lo que despierta en nosotros un sentimiento desinteresado, aquello que place en la mera contemplación.
Para Schiller, lo bello es lo que se da y nos complace con la mera apariencia.
Para Hartmann, por el contrario, los valores estéticos están relacionados a lo que es el objeto para el contemplador.
Platón aleja la belleza de lo sensible para llevarla a un mundo inteligible, y convertirla en Idea perfecta y abstracta.
Estas reflexiones, hechas por pensadores y filósofos diferentes en épocas distintas y distantes entre sí, son una muestra más de la imposibilidad de conceptualizar la belleza y universalizarla.
Pues bien... no encontramos aquí ninguna intención de definir lo bello:¡Que la belleza nunca sea definida! Definir la belleza, conceptualizarla sería como definir el alma, el amor, el espíritu, lo más profundo y abstracto del ser humano. Ya es suficiente con haberle colocado un “nombre” a cada sentimiento.

Parecería ser que se ha dejado de lado o se ha subestimado, en la experiencia estética, lo puramente sensible; es decir, lo que la poesía, la música despierte en una persona... esta sensación tan única del arte como puede ser una mirada del ser amado, un beso, etc.
El arte contribuye a hacer de la vida algo mágico, bello, místico. Le da otro prisma al ojo abatido por la monotonía diaria. El arte eleva el espíritu, el alma, la mente – lo que se prefiera.
Porque, como lo ha considerado Lévi-Strauss, el arte es parte de la cultura, y es un sistema significativo, que se queda a medias entre el lenguaje y el objeto. Esta simplicidad, esta posibilidad de múltiples significados, de connotaciones infinitas, es lo que hace al arte algo tan mágico, misterioso, fascinante.

Lévi-Strauss, con respecto a la crítica y a la voluntad de significación del artista, sostuvo que lo importante no es lo que el artista piensa, sino lo que hace, y que si no fuera ese el caso no tendría necesidad de escribir poemas o música, sino que escribiría libros simplemente.
La belleza, la poesía, la música se sienten o no se sienten; como un film puede hacernos estremecer, emocionar o reír; como una prosa puede disparar las más inimaginables imágenes o pensamientos... ejemplos de experiencias artísticas hay en cada minuto... sólo se trata (y es una humilde apreciación) de vivir más artísticamente.
Podemos concluir con una reflexión de Novalis que encierra las ideas expuestas en este breve ensayo: “El mundo ha de ser romantizado... romantizar no es sino una potenciación cualitativa... en cuanto doy un sentido elevado a lo vulgar, un porte misterioso a lo habitual, la dignidad de lo desconocido a lo conocido, una apariencia infinita a lo finito, lo romantizo.”
Bibliografía consultada:
•“El arte como sistema de signos”, Claude Lévi-Strauss•“Valores estéticos”, Samuel Ramos
